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La Llamada Invisible: Una Veladora, un Espíritu, y el Silencio Interrumpido

La Llamada Invisible: Una Veladora, un Espíritu, y el Silencio Interrumpido
Photo by Paolo Nicolello / Unsplash

Lo que no miramos, lo que no queremos atender, encuentra formas de hacerse visible —a veces, estrepitosamente.


Viernes – 06:14 p.m.

En medio del silencio espeso del estudio, mientras la mente se afanaba en los engranajes de lo intelectual, ocurrió un quiebre. Una veladora —símbolo de fuego contenido, promesa de luz aún no encendida— cayó con violencia al suelo, estallando su frasco en un estrépito que no parecía de este mundo.

Nadie estaba cerca. Ninguna causa visible lo provocó. Y, sin embargo, la ruptura fue absoluta, como si una presencia invisible hubiera cruzado el umbral del no-tiempo para hacerse notar. No fue accidente: fue gesto.

Lo percibí de inmediato. No como idea, sino como estremecimiento: un espíritu buscaba comunicar. No había palabras, ni imágenes claras, solo una densidad antigua, la sensación de algo aguardando pacientemente hasta ese instante.

Pero yo no estaba dispuesto. Estaba ocupado, demasiado anclado en la razón, encerrado en la arquitectura de los pensamientos. Mi conciencia no tenía abiertas las puertas a lo sutil.

El signo quedó ahí: la vela caída, la luz no encendida, el eco suspendido en el aire.

Comprendí que no entender también era parte del mensaje. Que no atender era, en sí, la enseñanza.

Quizás los espíritus no esperan explicación, sino presencia. Quizás la veladora rota sea un recordatorio: hay llamadas que no llegan al oído, sino al alma. Y que a veces, el lenguaje de lo invisible es este: un acto súbito, una interrupción, una ruptura que obliga a mirar más allá.


P.D.

Ella, mi perrita, acudió al estruendo. Ladró al aire donde nada había… y todo estaba.
Ella también lo sabe.

Y mientras escribo esto, aún lo siento: cerca, quieto, esperando.

Ya no temo.
El miedo se disolvió en presencia.

El temor cayó con la vela,
y aunque la ocupación siga siendo mi carga,
la visión ya no me es negada,
pues mis ojos ya no desconocen la luz. 1Win casino en vivo