1 min read

El Encuentro

El Encuentro
Photo by Milad Fakurian / Unsplash

El gesto mínimo
que interrumpe
la lógica del intercambio.

Hay formas de conocer que no nacen de la búsqueda.
Solo del reconocimiento.

Era domingo.
La feria de Usaquén desplegaba su ruido habitual: voces superpuestas, objetos en tránsito, manos que calculan, ojos que comparan.

Y, sin embargo, algo detuvo la continuidad de lo intercambiable.

No fue un brillo.
Fue una ausencia de intención.

Tres fragmentos de roca negra, densos, mates, con la geometría honesta de la fractura natural.
Venían de Muzo.

No estaban alineados con la lógica del intercambio.
No llamaban.
No prometían.

Una joven los custodiaba.

No explicó su valor.
No estaban para la venta.
Tampoco lo negoció en los términos esperados.
Hubo un gesto —mínimo, suficiente—
y las piedras cruzaron.

No adquirí minerales.
Algo fue confiado.

—

La Roca Madre

Para muchos, son residuo.
la materia que envuelve lo que sí merece ser visto: las esmeraldas.

Aquí, no.

Sobre la superficie donde ahora reposan, la jerarquía cede sin conflicto.

Lo opaco sostiene.
Lo oscuro no oculta: contiene.

No hablan de la luz.
La preceden.

Hay en ellas una presión antigua,
un tiempo sin relato,
una forma que no intenta corregirse.

No necesitan ser interpretadas.
Persisten.

—

El Punto de Fuga

En la arquitectura de ideas, todo tiende a multiplicarse.
Capas, nodos, relaciones que buscan cerrarse sobre sí mismas.

Llega un punto
en que el sistema se satura.

Entonces, vuelvo.

No para comprender.
Para mirar sin tarea.

Su superficie no ofrece entrada.
No hay dato, ni símbolo evidente, ni respuesta.

Y, sin embargo, algo se ordena.

Como si la ausencia de mensaje
liberara del impulso de descifrar.

Habitar
antes de resolver.

—

Sin Cierre

Siguen ahí, sobre sus pequeños pedestales de madera,
sin asumir el papel que podría dárseles.

No enseñan.
No guían.

Pero desde su silencio, algo se alinea.

Como si lo inmóvil no fuera lo contrario del movimiento,
sino su centro.

Como si, en medio de todo lo que cambia,
existiera un punto
que no necesita hacerlo

y, sin hacerlo,
todo lo sostiene.

Entre Muzo y Usaquén.