Las Esferas que Respiran
Visión en la Finca del Alba
Desperté,
y el aire era un cielo pequeño.
Luces —almas sin peso—
danzaban frente a mí,
tejiendo una esfera:
un corazón azul de silencio.
Soplé.
Y el soplo fue plegaria.
Volvieron al misterio
como pétalos al viento,
dejando en mi pecho
un eco de luz…
que aún respira.
Glosa Mística de la Visión
(Domingo, doce de octubre del año dos mil veinticinco)
En la quietud del alba, el alma fue despertada
no por el ruido del mundo,
sino por el resplandor de lo invisible.
Vinieron las luces como presencias libres:
fragmentos de una totalidad
que anhelaba reconocerse en su testigo.
En su danza revelaron el misterio de toda creación:
lo múltiple que retorna al Uno.
El soplo no fue impulso, sino respuesta:
el Espíritu reencontrándose consigo mismo
a través del aliento humano.
Entonces, el aire se hizo templo,
y la frontera entre lo interno y lo externo
se disolvió como bruma al primer rayo.
Las esferas no se fueron.
Regresaron al lugar de donde nunca habían salido:
la fuente que respira en el corazón.
Así, el acontecimiento no terminó.
Quedó suspendido en la memoria del alma,
latiendo —
como un eco de luz que aún respira dentro del tiempo.