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Carta de agradecimiento — 2025

Carta de agradecimiento — 2025
Photo by HARALD PLIESSNIG / Unsplash

Desde esta esquina serena —donde el tiempo no apremia y el alma respira con mayor amplitud— me detengo.
No para cerrar un año, sino para reconocerlo, como quien pasa la mano por las páginas de un libro ya escrito con tinta de experiencia y luz.

Gracias, Vida, por la salud:
no solo por el cuerpo que ha resistido, sino por el espíritu que ha florecido dentro de él.
Por esa alianza silenciosa entre músculo y sentido, entre respiración y presencia.
Por haber podido moverme —correr, girar, detenerme— y aprender, en el juego y en el esfuerzo, que la disciplina no es dureza, sino fidelidad al instante.
Que el cuerpo, cuando se escucha, también revela lo eterno.

Gracias por ella —mi amada alma, mi refugio, mi espejo fiel—
que ha caminado a mi lado sin exigirme ser otro, sino acompañándome en el devenir, en la duda, en el silencio.
Su amor no se aferra: sostiene.
Y en su presencia, incluso el silencio tiene hogar.

Gracias por el despertar que no llegó como un relámpago, sino como un despliegue paciente.
No un evento, sino una consolidación.
Raíces que, tras años de lluvia y sequía, aprendieron a afirmarse.
Por haber cruzado umbrales internos con una valentía sin estruendo:
la del paso firme, la del susurro que dice aquí estoy, dispuesto.

Gracias por el libro que nació no de la ambición, sino del asombro.
Palabra que encontró cuerpo, silencio que aceptó forma.
Que no sea monumento, sino puente;
no respuesta, sino compañía.

Gracias por lo económico —no por la abundancia en sí misma, sino por la libertad que concede—
la de elegir con calma,
la de decir no sin miedo,
la de sostener el alma sin que el cuerpo tiemble.

Gracias también por el trabajo,
por la labor diaria sostenida con responsabilidad y criterio.
Por haber podido ejercer la profesión no solo como medio de subsistencia,
sino como espacio de servicio, decisión y cuidado.
Por cada jornada en la que el rigor técnico y la mirada humana
aprendieron a caminar juntos.
Por haber llevado el peso sin endurecer el corazón,
y por haber comprendido que liderar
no es imponer dirección,
sino sostener rumbo.

Y, sobre todo, gracias por haber descubierto —no como hallazgo, sino como reconocimiento—
que lo sagrado no reside allá,
sino que respira aquí,
en el café de la mañana,
en la mirada cruzada,
en el silencio compartido antes del sueño.
Gracias por vivir los misterios no como enigmas que resolver,
sino como presencias que habitan.

Y quizá… gracias también por lo que no nombro del todo:
— por las caídas que enseñaron elegancia al levantarse,
— por los fracasos que afinaron la escucha,
— por las noches en vela que no fueron vacías, sino fecundas,
— por la paciencia aprendida, esa que no se anuncia, pero transforma el suelo bajo los pies.

Que este cierre no sea una despedida,
sino una inclinación profunda:
un acto consciente de reconocimiento ante lo dado,
una ofrenda de gratitud sin condiciones.


Y si alguien lee estas palabras desde un año que dolió,
desde pérdidas, cansancio o ruptura,
que sepa esto —sin obligación de creerlo hoy—:
aun dentro de una realidad impuesta,
existen otras que pueden ser co-creadas.
A veces no como cambio inmediato,
sino como un hilo invisible que sostiene
hasta que el suelo vuelve a sentirse suelo.


Sin afán.
Desde nuestra esquina acostumbrada.
Donde siempre hay espacio para lo esencial.

—
Con quietud y reconocimiento,
Diciembre 2025

Reflexión final

El tiempo quizá apremia,
o quizá reconoce.

Y en ese reconocimiento,
mi alma elige la gratitud
no como gesto final,
sino como acto de tránsito.

Desde la gratitud,
una página se cierra sin ruido.
No se arranca.
No se quema.
Se posa.

Y al posarse,
el libro —sin esfuerzo—
abre otro capítulo.

Un capítulo que no pide nombre aún.
Que no se mide en logros,
ni en extensión,
ni en visibilidad.

Un capítulo que se mide
en silencio,
en lo sagrado que no se exhibe,
en la no-forma,
en el no-límite,
en lo que no necesita explicación
para ser verdadero.

Un capítulo donde el hacer
cede lugar al habitar.
Donde la presencia basta.
Donde el sentido no se persigue:
se revela.

No es un comienzo ruidoso.
Es una afinación.

Y basta con eso.