Pausa en el Viento
Sobre el silencio que nos habita
Una brisa estática
cubre mi piel
como un velo
que aquieta el aire.
Algo en mi pecho se enciende
en un fuego sin ruido,
y el viento
que late en mis huesos
es el eco
de un camino trazado antes de mi memoria.
No soy el viento,
ni el viento soy yo,
sino el lugar
donde el viento se detiene
para respirar,
para posar su tibieza en la frente,
para cambiar el pulso de la sangre.
En esta pausa sin reloj,
camino
sin perturbar al mundo.
Y no es la corona lo que llevo,
sino el peso leve
que queda en mis manos vacías,
el calor que permanece en el pecho,
la claridad que abre los ojos
cuando todo alrededor
permanece inmóvil.
Nota de Origen
Este poema nació de una paradoja:
una tarde, mientras conducía a casa,
sentí que el movimiento exterior
se volvía una brisa estática sobre mi piel.
En ese instante comprendí
que la paz no es la ausencia de camino,
sino el lugar
donde dejamos que el mundo respire
a través de nosotros.