1 min read

El asilo de la forma

El asilo de la forma
Photo by Coline Haslé / Unsplash

Una meditación sobre el silencio, el límite y la arquitectura invisible de la percepción.

La obra se refugia
en los cortes incesantes de la quietud.

No hay violencia en el filo.
La incisión no desgarra la materia:
aparta de ella el ruido residual del mundo
hasta revelar la respiración secreta de la forma.

Toda superficie aprende entonces
la disciplina de su límite.
La línea ya no divide:
consagra.

El verbo, reducido al resplandor esencial de su contorno,
permanece inmóvil dentro de la geometría,
como una lámpara sellada
en el centro de una arquitectura sin fisura.

Ha cesado el vértigo.
Solo permanece la precisión silenciosa
de aquello que no necesita expandirse
para existir plenamente.

En cada fragmento separado con exactitud,
el vacío adquiere peso, proporción y permanencia.
Lo ausente deja de ser carencia
y se convierte en recinto.

Allí descansa la percepción:
no en la abundancia de las formas,
sino en la pureza rigurosa de sus bordes.

Y en la línea incesante
que protege al mundo de su propio estruendo,
la obra encuentra, al fin,
el refugio perfecto de la quietud.