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¿Es acaso el universo un susurro en la quietud?

¿Es acaso el universo un susurro en la quietud?

Una revelación sutil que se insinúa, no se impone.

Entre ramas que guardan lo sagrado,
en sendas silenciosas que exhalan raíces de tiempo,
una brisa antigua, nombre perdido en la memoria,
rozó el umbral de mi pensar—
como si el cielo, al fin,
despertara dentro de mí
los párpados del alma.

¿Será que no se anuncia,
sino que se deja entrever?
No en truenos que parten montañas,
sino en cómo la sombra
cobija la piedra como a un hijo,
y el perro, hocico al viento,
escucha el latido del invisible—
ese que yo no nombré jamás,
pero que me ha llamado desde antes del alba.

La montaña no emitió palabra,
y aun así mi pecho descifró
el idioma de su silencio pétreo.
Una presencia sin rostro, sin origen,
se deslizó entre las hojas,
y cada átomo tembló
como un mensajero
portando lo que nunca fue dicho,
pero siempre ha sido.

Y entonces no supe—
sino que fui sabido.
No con certeza,
sino con una ternura antigua,
como la lluvia que nutre la raíz:

no se impone.
Se insinúa —pulso en la piedra.
No exige.
Espera en la raíz del instante.
No golpea.
Respira…
y al respirar, nos crea.

Y en ese susurro sin fuente,
en esa vibración que no pide fe,
sino la simple presencia,
algo en mí se inclinó—
no de rodillas,
sino desde el centro—
como un altar de tierra y luz
que ya era eterno
antes de tocar lo eterno. Aviator game at SportPesa Kenya


Este poema no fue escrito.
Fue escuchado entre el viento y el silencio,
y confiado al lenguaje con fidelidad y gratitud.
Que quien lo lea no busque su significado,
sino su resonancia.